martes, 21 de febrero de 2017

En un Fulgor:

  Y en un fulgor, el cielo decidió unirse a la tierra, fundiéndose con ella en una explosión de colores a la que le llamó Naturaleza. De ella surgió la vida, de increíbles destellos de sentimientos que surgían al suspirar el aire puro del cielo y al exhalar aroma de la tierra.
  Todo en armonía se iba encadenando dependiendo de cada uno, como argollas unidas sin poder desprenderse. Distintas almas oteaban por el horizontes, otras dejaban estelas sobre el terreno y otras tantas marcaban ondas sobre el agua azul. Todo concurría según el orden natural de la vida dejando como testigo al tiempo de su abolengo.
   Hasta que un egoísta se atrevió alterar y romper la leontina de la existencia desordenando y borrando todo aquello que el éter había creado.
  Ese ególatra oscureció los colores, mató la esencia y contaminó el espíritu libre a su antojo como si de un amo se tratase. La creación le dio ínfimas oportunidades a pesar de las heridas marcadas por su causa, pero el hombre la ignora y se burla de ella como si de un dios omnipotente fuese.  Pero lo que el pedante no sabe, es que ella le devolverá, con creces, todo el dolor que tanto le sigue engendrando.

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