Es una noche glacial, las calles están desérticas con las farolas centelleando al desafío del susurro hiriente del viento. Todas las casas nevadas se acurrucan, unas al lado de otras, como si de tallas estáticas e inertes se tratasen, solo dan señales de vida por sus guiños ventanales y el latir del runrún que dentro reina y, desde ellas, se ve al río congelado haciendo frontera con el frondoso bosque blanco.
El invierno es ahora el rey tirano que enmudece con su gélido poder a todo aquel que osa a desafiarlo. La estación amenaza con permanecer por más tiempo de lo acostumbrado y los moradores, bien lo saben. Pero lo que él no sabe es que el pueblo lleva preparándose mucho tiempo para protegerse de su supremacía.
Las chimeneas escupen la combustión humeante forzando, al máximo, toda su maquinaria para dar calor a las almas exigentes que dentro de los lares reinan. Están a salvo, pero solo por esta vez promete el invierno.

No hay comentarios:
Publicar un comentario